150 años o más
noviembre 9th, 2008 § Dejar un comentario
Estoy en el piso de la Calle Asturias, en Sevilla. Allí mi tía tenía una peluquería, pero ya la dejó, ahora se dedica a pasar el tiempo haciendo otras cosas.
Estoy en un cuarto, uno de los que dan a la calle, es un bajo. Está todo oscuro, está cayendo la tarde y apenas entra iluminación por las ventanas, es una luz azul mortecina. En la habitación hay sofás camas, están llenos de sabanas arrugadas, y yo, mi tía y mi madre estamos medio soñolientos.
Veo una especie de bulto entre las sabanas, es pequeño, no sé lo que es y se lo pregunto a mi madre:
- Mama, que es lo que hay ahí.
- ¿Dónde?
- Ahí, debajo de esa sabana.
- Ah! Es un familiar nuestro, pero creo que ya habrá muerto.- Dijo mi tía-¿Muerto?
Entonces mi tía y mi madre empiezan a mover el bulto, a quitar la sabana, a acariciarlo.
- Si está vivo, todavía vive. – Dijo mi madre-
Entonces sacaron de la sabanas un ser pequeño y marrón, descompuesto que medio habría los ojos y que se le veía toda la mandíbula y los dientes. Era mujer, y aparentaba estar cansada de vivir, como si hubiera sido castigada a vivir eternamente hasta que se convirtiera en polvo.
Mientras mi madre y mi tía la lavan y la arreglan para volver a meterla entre las sabanas le digo a mi madre:
- Y cuantos años puede tener.
- Por lo menos 150 años o más.
Entonces aparezco en el centro de Sevilla, es de madrugada, todo está solo. Empiezo a correr desde la Plaza del Salvador hasta la Plaza de San Francisco, me elevo y efectivamente, empiezo a volar, alto y más alto. Veo a un grupo de amigos, es Antonio Cid, Ángel, Jero, Paula y algunos más que desconozco. Han salido del Picalagarto, están con sus bicicletas y se están despidiendo para partir a sus casas. Yo desde lo alto les grito y les saludo: Hola, me veis, estoy aquí.