Para que nos querrán, no somos ricos.
mayo 30th, 2011 § Dejar un comentario
Hace años. Mi hermano gracias a mi madre ha ocupado mi cuarto y a mí me han cambiado a uno más pequeño. Eso sí, todo es nuevo.
Una mujer dice a mi madre y a mi tía que tengamos cuidado, que nos están persiguiendo, que van tiempo detrás de nosotros, sobre todo de mí y mi hermano. Yo me enfado con la mujer, le digo: ¿qué pruebas tiene usted para decir esto asustando a mi familia? Yo me imagino un tiempo escondido en la montaña, trabajando, con todo nevado, allí en lo alto alejado de la gente, lo pienso y me encanta, me hace feliz.
Se acerca otra mujer y dice lo mismo: Es verdad, se dice en todo el barrio, deberíais tener cuidado.
Empieza a salir mi familia de todos los lados, estamos ocupando la parte de la calle del portal de mi casa. Mi familia va enchaquetada de azul oscuro, estamos contentos, comemos montaditos (a uno se le cae la parte del pan de arriba, mira al plato, pero no se da cuenta) bebemos cerveza. De fondo se escucha “El Calor del amor en un bar” de Jaime Urrutia, y yo digo: más cerveza… y alguien de mi familia repite lo mismo diciendo para sí mismo: mira que gracia gasta Pedro, más cerveza…
Miro a mi madre y a mi tía que hablaba con una mujer que estaba allí con nosotros y digo: para que nos querrán, no somos ricos.
Entro para mi casa, pero mi casa es como una escuela, sola, vacía, blanca, muy sola, llena de puertas, que van a pasillos llenos de puertas, que van a otros pasillos, y más habitaciones llenas de puertas, todo es blanco y está solo… Yo estoy en una especie de cama simple, con un muy fino colchón de espuma blanca, estoy en posición fetal pensando en las montañas, en un huir lejos. De pronto empiezo a pensar en la gente que me busca, y se escuchan pasos, y yo empiezo andar con paso ligero entre los pasillos y puertas, que van a más salas y más pasillos que no llevan a ningún lado. Quiero salir, escucho el griterío de mi familia, allí bebiendo cerveza, y la música de fondo, pero no encuentro la salida.
De pronto estoy en la Alfalfa, es más pequeña, estoy grabando un video con un móvil, es Nokia. Las dimensiones no me encajan y llego a la conclusión de que es la Alfalfa de hace unos cinco años o más. Es domingo, y hay dos bares abiertos, es todo triste aunque haya gente tomando algunas cervezas y terminando lo queda de domingo. Me siento tedioso y triste. Bajo la plaza del pan a toda velocidad sentado en un asiento de oficina negro donde trabajaba en mi casa: no sé si irme a casa o llamar a Lucia.
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