He dormido al lado de alguien que dormía eternamente

mayo 24, 2015 § 2 comentarios

Estoy sólo. Ando sólo por calles soleadas de un sábado tarde. O tal vez un domingo. Sí, es un domingo antiguo. Un domingo ya pasado. Busco un estado de felicidad, de sentido, de equilibrio en mi vida. Busco momentos en los que había paz interior. Sigo andando. La melancolía se puede oler. Veo reflejada mí cara en las lunas de los coches, pasar de una a otra. Recuerdo mi amigo José María, 1980, quedar con él en Pagés del Corro, mis idas y venidas del Colegio José María del Campo o antiguo Reina Victoria. Recuerdo mis momentos con mi primo José Antonio, esos sábados tardes, esos fines de semana en los que le tocaba venir de Cádiz. Intento buscar cuales momentos significaron en la felicidad de mi vida. Estoy en mi cuarto, sentado, en el santuario digital que comunica al mundo. El sistema operativo se ha actualizado automáticamente y puedo escuchar mi voz hablar con la de mi primo de antiguas conversaciones a la vez que se escucha un concierto directo de no se sabe que grupo. Se ve el concierto en vídeo, y la música se entrelaza con nuestras voces. Se ve algo moderno. Dígitos, nueva interfaz, botones. El sol entra por la ventana. Hay una mujer joven dentro de mi cuarto, acabo de conocerla, hablamos. Ahora está sombrío mi cuarto. Ella es morena, levanta la persiana, me dice mira. Y veo justo al lado de mi ventana una tumba que acaban de descubrir. Es de mármol negro, y la acaban de descubrir unos familiares que sabían que allí fue enterrado alguien. Yo le digo a mi amiga que ahora me encaja todas las sensaciones que he sentido durante toda mi vida. Esos miedos, esos ruidos, esa ansiedad ¿esa tristeza?… he dormido al lado de alguien que dormía eternamente. Casi estamos a oscura en mi cuarto. Yo no quiero dormir más en él. Salimos corriendo, escuchamos un ruido, queremos abrir la puerta que da al jardín a la vez, no podemos a la vez y entramos en una breve lucha por salir el primero. Queremos ver de quien es la tumba. Yo me olvido de algo y entro rápido, sólo en mi casa oscura, salgo pero tengo que entrar de nuevo, voy rápido, no miro a nada, se me olvidaba la cámara, quería hacer fotos a la tumba. Estoy fuera –veo por el pasillo a la chica y pienso que quiero dormir en su casa-, y el jardín se ha convertido en otro santuario. Se ven algunos familiares hablando entre ellos. Ya estoy sólo en el jardín. Veo minuciosamente el trabajo de jardinería y paisajismo que han creado alrededor de la tumba. Piedras, arriates, una cara no se sabe bien si de hombre o mujer realizada con vegetación podada. Me acerco, y a la vez me alejo, porque no quiero pisar la tumba. Y escucho una muy leve música cascada y vieja que parece salir de un transistor que está escondido entre la vegetación. Parece ser que la han dejado allí como porte de la performance fúnebre y se le está acabando las pilas. No sé muy bien que música es pero parece el himno de Andalucía.

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Los brazos de mi madre

septiembre 2, 2014 § Deja un comentario

Mi madre, mi tía, puede que mi hermano y algún otro pariente están en el sofá de la sala de estar, es todo sepia y ellos me alargan la mano, pero parecen arrepentirse, sonríen por complacencia, tal vez por pena, por saber que poco pueden hacer o porque es lo que hay: pena, risa, me quieren hacer el paso más agradable. Yo no logro alcanzar sus brazos, sus manos y la oscuridad del largo pasillo me arrastra hacia el fondo, una oscuridad que dice guardar un secreto, no sé si interesante; a veces pienso que sí otras que no, pero guarda un secreto; y sigue absorbiéndome la oscuridad del pasillo y yo le comento a mi familia que si no tienen curiosidad por saber cuál es el secreto y ellos solo sonríen levemente en silencio, una sonrisa que no se sabe si es sonrisa o pena. En mi cuarto estoy desvelado, acabo de despertarme e intento arroparme con la fina sabana del verano, me tapo la cabeza y arrastro también los brazos de mi madre, me los echo por encima para que me abrace, pero en mi cabeza retumba un noticiario científico que dice que los muertos creen parecer estar vivos cuando están muerto, cuando acaban de morirse, en ese proceso del negro al muy negro, de la poca muerte a la profunda. Un día que se llevan creyéndose que viven. Y me levanto de la cama, y los brazos de mi madres caen como si fueran de mentira, como si fueran brazos inertes, prótesis, y son muchos brazos, y me los quito de encima. Estoy muerto, y voy para el pasillo oscuro, estoy solo, en mi casa no hay nadie, pero es que en el mundo tampoco, sólo estoy yo. Y entro en el cuarto de baño, y el silencio es tal que duele. Me miro la cara en el espejo y frunzo el ceño, y parece que lloró, y parece que me duele algo. Estoy recién muerto y sólo.

Esto puede estallar en cualquier momento.

junio 1, 2014 § Deja un comentario

Inexplicablemente ardían los cimientos de mi hogar, yo intentaba salir fuera, pero no podía. Al final pude, encontré un hueco… Era un fuego inexplicable que no se podía apagar con nada, que era dificil de extinguir porque consumía los restos oscuros del pasado, que estaban allí atorados debajo de mi hogar durante años. Y me quede observando el fuego atónito, como se observa una chimenea en un invierno, ido, fuera de mí… y pensé de pronto: vete, esto puede estallar en cualquier momento.

Ella sonríe y se dibuja y se desdibuja en el aire

julio 23, 2013 § Deja un comentario

Estoy en el patio del edificio de mi piso, no quiero entrar en mí casa, me da miedo, pasa algo, es algo paranormal, está oscuro, en el ambiente se respira expectación, pasa algo, no me gusta. Intento entrar pero no tengo valor, porque creo que dentro de mi casa pasará algo, algo anormal, algo relacionado con el más allá, algo inexplicable, imposible de comprender. Mi tía S va a entrar, aparece de buenas a primera, y me dice: acompáñame Pedro. Yo la acompaño, cruzo la puerta de mi casa, está abierta y está toda oscura, el pasillo está oscuro, toda la casa está en penumbra y llegamos al salón. Allí está mi tía N, algún familiar irreconocible y mi tía P fallecida hace dos años. Ya no tengo miedo, estoy más tranquilo, todo es expectación. Me alegra ver a mi tía P muerta hace dos años, ella sonríe y se dibuja y se desdibuja en el aire, es un espíritu, está pero como si no estuviera, está pero no escucha, ni habla, solo ríe, como en la mayoría de mis sueños aparecen los muertos, están pero no están. Mi tía N sonríe también y habla pero no sé qué, está sentada al lado de la ventana que da a la calle. Pienso: ¿Dónde está mi tío J fallecido hace más tiempo? Y lo visualizo detrás de un marco de una puerta, la puerta de la habitación última de mi casa, la más aparatada de la salida, de la salida del piso. Se le ve media cara, se le ve sólo los ojos y la nariz… y de nuevo veo dibujarse y desdibujarse a mi tía P, sigue sonriendo, y yo me alegro de verla. También está situada al lado del marco de la puerta que da al último cuarto de la casa. Allí, cerca de esa puerta el aire, el ambiente, es espeso, como si pasara de lo normal a una especie de líquido, como si en solo unos metros lo visible estuviera hundido en el fondo del océano, hasta el aire se colorea de un azul celeste… Me acerco a ver que hay en la habitación, me voy acercando con cuidado, cada vez más lento por el espesor del ambiente y allí veo seres flotando, con una luz fuerte y cálida que sale del interior del cuarto. La escena es como si hubieran personas en el interior del mar, todo está turbio, entiendo que es el más allá y empiezo hacer fotos con el móvil al contra luz, con aquellas personas flotando, con sus ropas levitando. Pienso que las fotos pueden ser bonitas, que puede salir algo interesante. Aparece D, hijo de un amigo, tendrá unos 5 años, está flotando justamente atravesando el marco de la puerta, entre la parte de los seres flotante al contra luz y el salón. Este dice gritando entre llanto y emoción que le gusta aquello. Pero yo sé que no es el momento, y lo agarro intentando que no entre en la habitación de aquellas personas, el más allá… Lo arrastro una y otra vez al salón, lo cojo de la axila y la tiene áspera, dura  y pienso que está ahí porque tiene un cáncer, un cáncer que inevitablemente puede que se lo lleve a otro mundo tarde o temprano. Lo arrastro y al final lo logro acomodar en el salón donde estamos todos. Una vez instalado en el salón veo las fotos, y compruebo que son distintas a lo que he fotografiado. Digo: ¡Mirad, es increíble!, tenéis que ver esto… se lo digo tal vez a mi tía N, o mi tía S, los fallecidos ya no están presente. Lo que veo en el móvil -ahora un móvil viejo, antiguo con poca resolución y de baja calidad-, es: las mismas personas que flotaban en el cuarto pintadas en frescos en unas bóvedas de una gran e inmensa  basílica. Estoy emocionado, estoy alegre por ver lo que estoy viendo, es como si hubiera descubierto algo.

De repente estoy en una calle con Guillermo y alguien más, puede que sea Alfonso. Creo que es San Jerónimo, vamos entre calles hacía las oficinas de Innn. Es un nuevo día… Empiezo a contarle a Guillermo un sueño: Estoy en el patio del edificio de mi piso, no quiero entrar en mí casa, me da miedo, pasa algo […]

Me vino la imagen de Rafi Camino

julio 8, 2013 § Deja un comentario

Pinto el rostro de Jesús, son líneas que dibujan su cara, sus hombros y su torso. Pero de repente quiero darle sombras. No de cualquier forma, quiero utilizar una técnica que ya vi en sus días a un chico en la escuela de artes aplicadas y oficios artísticos donde en antaño estudiaba. Era mover el lápiz de forma desordenada, casi como haciendo garabatos y así ir dándole forma al dibujo. Me despisto y no sé por dónde seguir dibujando. Mientras dibujo -medio acostado en el sofá-cama de mi cuarto-, con la mano derecha observo la estampa de Jesús en un libro que sostengo con la mano izquierda. Intento fíjame pero me baila la vista de la foto al dibujo y del dibujo a la foto. Estoy pintando la zona de los ojos, no alcanzo a definir bien los ojos, y veo unas pupilas muy grandes. A veces me parece que el dibujo no está bien dibujado y otras sí.  Estoy en una casa, no se cual es. Estoy entre familia, creo que es mi familia. No pasa nada. Estoy en lo alto del Empire State, en una habitación de cemento vacía con un hueco rectangular. Estoy con alguien que no sé quién es, tiene una especie de catapulta, es como una trampa gigante de atrapar ratones y vamos a sacrificar a un menor rubio de ojos azules y tirarlo desde el rascacielos, lo vamos a matar. No sé cuál es el motivo, a veces parece que es diversión, otra parece que es lo que toca. Sigo sin saber quién me acompaña pero lo prepara todo: al chico se atará a una cuerda y será lanzado con la catapulta al exterior. Estoy de nuevo en una casa familiar, no pasa nada, parece que hay gente o no… De nuevo la escena en lo alto del Empire State, estamos a punto de tirar al chico, este se pone nervioso. Parece haber morbo en tirarlo a tanta altura, lo preparamos rápido, se palpa diversión, el parece llorar y el hombre desconocido lo tira. Yo agarro la cuerda, intento salvarlo, tiro de la cuerda hacía arriba, quiero que no se caiga, no puedo y le digo que me ayude pero no me hace caso, la cuerda está tensa, muy tensa y noto como en menos de un segundo se destensa. Sé que el niño ha caído a 400 metros de altura. De nuevo la casa. Yo en un ascensor, bajo, quiero irme de allí y pienso que al final no ha pasado nada, y que todo esto no puede estar pasando. El ascensor sigue bajando y llega al hall del rascacielos, ando hacia una puerta de cristal inmensa, sé que no ha pasado nada, es imposible que haya pasado algo. Sé que saldré por esa puerta, y veré la ciudad normal, con su vida cotidiana. Efectivamente, salgo y no ha pasado nada, giro la esquina me dispongo a cruzar y la policía está al lado de un cuerpo destrozado al que arrojan serrín a la sangre, es el niño. Yo cruzo, disimulo, siento que estoy condenado y a la vez veo lugares de New York que reconozco de otras veces que he estado. Voy andando, pero esta vez por Sevilla, por la Avenida de República Argentina, pensando en lo que ha pasado, culpándome. Me digo: algún tendré que contar esto, ¿Cuándo?, ¿Cuándo sea un viejo a punto de morir?, ¿Cuándo ya la culpa valga lo mismo que la mi vida: nada? Sigo andando, voy acercándome a Plaza Cuba mientras sigo pensando que hay algo que no encaja, no puede haber pasado esto, ni conocía a la persona que estaba con migo ¿Quién era? (me vino la imagen de Rafi Camino) ¿Qué está pasando, es cómo un sueño? No puede ser, algo no me cuadra.

Dicen que nos invaden los Chechenos

julio 16, 2012 § Deja un comentario

Me despido, creo que está Alfonso, salgo de una venta a las afueras de Sevilla, un lugar sobrio y castizo. Es un lugar conflictivo, como si fuera las tres mil viviendas. Cuando salgo está todo oscuro, no hay luz, y noto como los yonkis pasean drogados, como si fueran zombis. Arrastran los pies, colocados, sin rumbo, pasan al lado mía. Como no puedo ver absolutamente nada, saco el móvil para intentar iluminar la calle y se me cae al suelo, tal y como se me cae lo sigo con la vista y lo recupero. El lugar es tan peligroso que el estar ahí no supone peligro, pues nadie de los que allí deambulan imaginaría a un personaje ajeno a ese lugar paseando a esas horas por un lugar tan peligroso. Necesito coger un taxi.  Necesito llegar a una avenida con más luz, donde pasen taxis. La encuentro. Veo un taxi y me lo quitan, veo otro y también me lo quitan, cuando logro ver a uno con luz verde hay una persona que también me lo intenta quitar pero yo ya no le dejo, discuto con él, y al final no es alguien que lo quiera coger es el propio conductor del taxi. Le digo a donde quiero que me lleve y empiezo a sentirme agobiado, hay poco espacio y el conductor tiene el asiento muy pegado a mí, me agobio mucho, veo el móvil iPhone y por detrás está lleno de una sustancia pastosa rosa, me da un poco de asco porque es droga y decadencia mezclada. Consigo limpiarlo y tenderme mirando hacia los edificios por la ventanilla del taxi.  De buenas a primera siento estar en la ancha y extensa avenida de Nevsky en Santpetersburgo. Mientras observo los edificios pasar muy rápido siento, mientras que estoy tumbado en el taxi, un efecto ópticos de balcones y cornisas moverse como si tuvieran vida propia, de derecha a izquierda, y siento melancolía, paz, felicidad, nostalgia…

Paramos en un semáforo, miro hacia atrás, y veo a mi tía en su juventud, al lado de su marido Joaquín (que ya ha muerto) en su piso del barrio de Pio XII, sentados en una mesa de camilla. Se me saltan las lágrimas. Y les doy un abrazo a los dos, y le digo que les quiero. Le comento a Joaquín: ¿y qué tal? Y me dice: bien, ahí estamos. Le digo, ¿te veo con más pelo? Y se queda callado. Veo a otro tío mío, Antonio Macías, en una mesa de camilla, comiendo algo y me quedo callado. Yo empiezo a comer, y le sigo hablando a Joaquín pero su mujer me dice: por favor, no lo obligues. Lo que intento comer se mezcla con carne en descomposición de mi tío, que sale de la cabeza. No sé qué hacer. Estoy confuso.

Ahora estoy en mi cuarto, todo está callado, el país está consternado, dicen que nos invaden los Chechenos.

Ella ya se fue, se fue hace un rato…

julio 1, 2012 § Deja un comentario

Había una banda de música en el desierto, yo conté hasta tres y empezaron a tocar música celta y empecé a correr ilusionado para contárselo a ella, estaba en un desierto y a la vez en una zona de recreo de mi antiguo colegio, pero alguien del grupo de personas que andaban por allí mientras se alejaban me dijeron: “Ella ya se fue, se fue hace un rato…” Entonces sentí un nudo en el estomago… y corrí, corrí y me eleve del suelo furioso, queriendo ir muy alto, muy alto y fui surcando rápido entre las nubes, podía sentir el aire chocar en mi cara y fui elevándome más y más sin saber por qué me estaba pasando esto…